ROMA

 LA CUIDAD ETERNA (CITTÁ ETERNA)


Roma es conocida por todos como la Ciudad Eterna. Fue fundada en el 753 a.C. así que, por longeva, bien podría serlo. Pero la Ciudad Eterna lo es por muchísimas más razones. Eternos son sus monumentos, museos y maravillas con las que disfrutar y visitar. Eterno es su encanto; Roma hay que visitarla.

Roma es una ciudad monumental llena de historia en la que paseando por sus calles sientes como si estuvieras en un museo al aire libre. En cualquier rincón puedes encontrar algo asombroso que ver y con lo que maravillarte.

Si es la primera vez que viajas a la “Ciudad Eterna”, en este post hacemos un repaso por los 4 mejores monumentos de Roma para que conozcas los más imprescindibles que no pueden faltar en tu ruta de Roma.

1. El Coliseo Romano
El Coliseo es el monumento más importante de Roma y todo un símbolo para la ciudad. Con alrededor de dos milenios de antigüedad (que se dice pronto), se trata del anfiteatro más grande construido en tiempos del Imperio Romano pues tenía una capacidad para 50.000 espectadores y ningún otro edificio superó esa cifra hasta el siglo XX.

2. La Basílica de San Pedro
La Basílica de San Pedro es el templo cristiano más grande del mundo y un importante símbolo espiritual para los católicos, ya que se erigió sobre la tumba del apóstol San Pedro (el primer Papa de la historia) que fue martirizado en Roma y cuyos restos reposan actualmente en su interior.

3. La Capilla Sixtina
La Capilla Sixtina es una de las mayores joyas renacentistas de Roma y la obra maestra de Miguel Ángel pese a su inexperiencia en la pintura, ya que él se declaraba escultor y no pintor.

El encargo de Julio II fue todo un reto para el artista, quien dedicó diez años de su vida a decorar la bóveda y la pared del fondo sobre el altar mayor y el resultado es una maravilla. No obstante, otros artistas que trabajaron también en este espacio fueron Botticelli, Perugino o Luca.

4. La Fontana di Trevi
Su historia se retrotrae a la época del emperador Augusto, cuando esta fuente era el tramo final del acueducto Aqua Virgo construido en el siglo I a.C. Sin embargo, la actual data del siglo XVII y fue un encargo del Papa Clemente XII al arquitecto Nicola Salvi, quien sorprendió a todos con esta alegoría del océano presidida por el dios Neptuno.




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